VI
Me acaba de hablar por teléfono una tal Rosario disculpándose por lo que sucedió ayer. Ella dice que todavía me ama y me necesita como siempre. El problema es que ni siquiera la conozco.
El amor nos deja estúpidos.
V
IV
III
Dicen los que saben, que Dios no existe.
...Yo no lo sé de cierto, lo supongo.
II
Justo cuando todo creía que iba bien, se nos ocurre agarrarnos de los chongos en pleno mercado. Ella traía su bolsita rosa con un par de cinturones dentro, yo venía fumándome un cigarro para morir más rápido. Me dijo que su mamá la estaba esperando para irse a su pueblo, yo estaba en desacuerdo y no importó, ella de todas formas se fue.
La espero...como siempre, la espero.
I
Alexa, mi comadre.
Antier, la comadre Alexa (mi esposa) me corrijió todos los huesos de mi espalda. Me los acarició como quien coge rosas de un rosal; después se me subió toda ella, de pies a cabeza a frotarmelos más fuerte. Sus movimientos tenían espíritu de grandeza, estaba hecha de cielo.
Esta misma mañana, mi comadre decidió irse, yo no sé a dónde, sin embargo aquí la espero postrado en la cama, con todos mis huesos rotos y mi corazón deshilachado.



